domingo, 6 de marzo de 2011

El primer agapando y el árbol rojo

Agapandos, árbol rojo y colibrí
Las cosas pequeñas, si se ponen juntas, son más grandes que las grandes (Henri Barbuse)
 
Hace poco más de diez años descubrí que en los alrededores de esta ciudad los agapandos o plúmbagos puden crecer casi entre las piedras. Siempre me ha gustado mucho esta flor, nunca había tenido oportunidad de ver tantos como en estos años.
Ayer fuimos al Zembo a caminar y a comer truchas (es una delicia que haya criaderos en la región y que puedan comerse frescas). En el recorrido pude ver que comienzan a brotar las primeras flores de aganpando de esta temporada. También vi alcatraces. Observando y reflexionando, pensé en los agapandos que tenemos al pie de las ventanas que dan a la calle en nuestra casa y deduje que como no son tan lindos como los que se ven en el campo, seguro tardarían más tiempo en brotar.
Hace unos minutos, mirando que el pequeño jardín de nuestro hogar necesita mantenimiento urgente, mi mirada se topó con el primer brote de mis agapandos, ahora que vuelvo a mirar con más atención, veo que ¡hay dos! Me ha dado tanta alegría y ahora pienso cómo en el día a día perdemos de vista los pequeños grandes detalles que nos rodean, que están puestos ahí, justo para eso, para disfrutar y tener presente que por duras y difíciles que puedan ser las cosas que nos rodean y que nos suceden, siempre hay "un pequeño-gran detalle" que nos alegra el espíritu, la vida.
Desde mi sillón, además de ver que el pasto está crecido y que una franja del mismo debe ser resembrada, veo las plantas de agapando y también un árbol rojo o sangre libanesa que me alegra tanto verlo. Cuando lo compré me lo vendieron como bonsai, no medía ni 30 centímetros; (jajaja) ahora mide casi dos metros de alto. Me entristecí cuando perdió todas sus hojas y ya me iba a deshacer de él cuando mi esposo me dijo, "espera unas semanas, a lo mejor le salen brotes" y, afortunadamente, esta vez no fui necia, lo escuché y ahí se quedaron las ramitas de mi árbol rojo. Al poco tiempo descubrí que estaba lleno de brotes y semanas después, además de crecer, estaba lleno de sus pequeñas y hermosas hojitas de color "rojo-café".
En el día se posan en este árbol rojo, que vive en una enorme maceta de barro que compramos en Atlixco, Pue., diferentes tipos de insectos y aves, el mejor momento llega cuando los colibríes detienen su acelerado vuelo para descansar en sus ramas, realemente, esos instantes son un regalo maravilloso. Esta mañana, pensando en muchas cosas que debo resolver, recuperé el placer de sentir mi hogar como el remanzo que es, con esos pequeños instantes que nos van alegrando la vida.
A mis pies duerme la Mora en la confianza y seguridad de que aquí, en este hogar está su lugar. De que -lo creo- fue ella la que nos eligió y no nosotros a ella. Desde mi sillón, esta mañana, doy gracias por tener una familia, por conservar la capacidad de asombro ante las cosas que pudieran parecer más insignificantes. Doy gracias por las bugambilias (tenemos dos llenas de flores rojas y rosa mexicano) que cohabitan con los agapandos y el árbol rojo (me gusta mucho este nombre "árbol rojo").
Hace ya muchos años tuve una alumna que viviendo en China, pudo comprar un par bugambilias y un cactus, a sus tres plantas les puso nombres, creo que el pequeño cactus se llamaba Pepe y que la bugambilia vieja, según la historia de mi querida Paloma, estaba celosa de la joven hasta que finalmente ambas aprendieron a convivir, el ganón era el cactus pues vivia en el interior.
Me gustaría ponerle nombre a mis plantas y poder escribir los posibles diálogos entre ellas, cierta estoy de que ya son amigas. Quizá me anime a por lo menos, darles un nombre, no importa que piensen que las antropomorfisé si al final son parte de mi vida, de la vida de mi familia y nos alegran con sus colores y con pajaritos que las visitan.
Por otro lado, mientras escribo, recuerdo la historia de cómo es que los agapandos llegaron y cómo es que también llegaron las bugambilias. Mi esposo aunque es serio en muchas cosas, puede ser también muy ocurrente además de tener un humor muy particular. Un día que no podía salir y me urgía comprar algunas cosas para la comida, le pedí que ayudara y trajera a casa las cosas que había puesto en una lista. Al final anoté que quería una planta y que también comprara flores para poner en la mesa del comedor. A su regreso, puso en la cocina mis encargos y al final, entró con una bugambilia que puso en el centro de la sala, diciéndome, "aquí están tu planta y tus flores". Hoy, es una enorme bugambilia de flores rojas, la separa del árbol rojo la bugambilia rosa.
Parte de los agapandos fueron comprados en un invernadero poblano, los trajimos con poca esperanza de éxito pues su hábitat original era mucho más benigno que el del lugar donde vivimos donde el aire y el frío pegan fuerte. Los sembramos y al poco tiempo, aun sin dar flores, se habían multiplicado y antes de que pasara mucho tiempo nos habían dado las primeras flores. Ahora cubren la franja de las ventanas. Las plantas se han multiplicado y pues ¡ya llega el regalo de sus brotes que son como ramos de flores blancos y morados! El árbol rojo esta lleno de hojas otra vez después de haber perdido las anteriores este invierno que ya casi termina.

P.D. Me encanta Dios (Sabines). Pase lo que pase, siempre habrá un momento para ver los dones y regalos que el Señor nos da.

P.D. 2 Mientras escribo como unas deliciosas fresas irapuatenses... otro regalo del creador... en la red dice que estas flores se llaman "agapantos" más que agapandos... yo, originalmente, a través de mi madre, aprendí que se llamaban "plúmbagos" por las que son de color "azul-morado".

P.D. 3 El agapando recibe su nombre, Agapanthus del griego agape (en sus orígenes quiere decir amor incondicional y reflexivo, hoy se entiende como celebración) y anthos (flor). Creo que es un dato interesante.

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