sábado, 31 de diciembre de 2011

Gracias ...

Luz para el futuro
Este 2011 puedo considerarlo uno de los más complejos en mi vida, no se si más difícil pues creo que mi familia, algunos de mis amigos y yo hemos pasado por situaciones mucho más dolorosas. A lo largo de estos doce meses, cuando he sentido que no iba a poder más, yo tan poco religiosa, volví mis ojos al creador y encontré consuelo, sosiego en mi alma y corazón atormentados.

El Salmo 23 fue un buen compañero, siempre me había gustado mucho pero poco lo había reflexionado:

El Señor es mi pastor, nada me faltará.
En lugares de delicados pastos Me hará descansar;
junto a aguas De reposo me pastoreará?
Confortará mi alma; me guiará por sendas
de justicia Por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo;
tu vara y tu cayado me infundirán aliento?
Aderezas mesa ante mí en presencia
de mis angustiadores; unges mi cabeza con
aceite; mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me
me seguirán todos los días de mi vida, y en la
Casa del Señor moraré por largos días.


No se si he conseguido ser más religiosa o he logrado encontrar mayor espiritualidad (de eso me hace falta crecer tanto); sin embargo, en este último día del 2011, me descubro aquí sentada ante el teclado, reflexionando acerca de las decisiones tomadas, las acciones realizadas, los círculos pendientes y los que logré cerrar, las cosas que debieron suceder para decidir un cambio de rumbo, los tropiezos de salud que como familia hemos debido enfrentar en los últimos meses, la muerte de mi papá Roberto hace tan sólo dos meses, la tranquilidad de encontrar que mi mamá y mis hermanos y mis hijos y mi esposo y yo, hemos ido creando un lazo más fuerte que nunca, mis amigos, los que no lo son, los que voltearon la espalda, los reencuentros...

Soy bendecida y estoy agradecida por todo. El inicio del año no fue positivo, yo estaba enferma físicamente pero más de mi alma, día tras día observaba cómo muchas de las cosas en las que yo creía y por las cuales luchaba se estaban desmoronando, bastaron algunas acciones cobardes y algunos chismes por aquí y por allá para que el vaso medio lleno se desbordará y entonces, decidí romper la burbuja de confort que tanta inconformidad me causaba.

Los siguientes meses fueron de mucha incertidumbre. Encontré que, como siempre sucede, algunos que se decían mis amigos, no lo eran. Que otras personas, las que menos imaginaba, creyeron en mí y me ayudaron a encontrar esas oportunidades que no lograba ver pues la que sigo considerando mi casa por los años de trabajo y estudio me impedía entender que más allá de sus muros había otras cosas, otros mundos, otras personas, otra forma de de trabajar y de hacer.

Agradezco la situación que me llevó a tomar decisiones aunque no me gustó la manera en que se produjo, pero finalmente logré salir de un círculo del cual no quería ser parte sencillamente porque ya no cabía ahí. Dejé sueños, proyectos, planes. Quizá lo que más dolió fue tomar la decisión y dejar el remanso del aula, léase, a mis alumnos. De mis amigos, me pesa la ausencia física pero la maravilla de la comunicación y de las redes sociales nos permite permanecer cercanos de una u otra forma.

En el proceso de partir hubo muy poco tiempo, tuve pequeños mensajes de apoyo que fueron aire fresco, hubo reclamos que preferí no responder, no valía la pena detenerme a discutir porqué no me había hecho cargo de quienes esperaban la formalidad de una despedida, sólo viendo su lado. No formalizar mi partida no era decir "ya no te quiero", no lo era porque no es así. Hubo quien preguntó qué pasaba y simplemente no tuvo respuesta, sólo estaba ocurriendo y debía dejar fluir las cosas sin volver la vista.

Llegar a esta ciudad que ahora habito, ha sido reconfortante a pesar del calor, del tráfico, de las carreras, de los cambios. Así como encontré personas que me dieron la espalda, o que toqué a su puerta y no me respondieron o que me brindaron su apoyo prometiendo alguna cosa sin que se cumpliera; me he encontrado con gente tan querida, tan entrañable que nunca tendré bastante para agradecerles, a muchas no las he visto pero he recibido llamadas, correos electrónicos, mensajes de bienvenida llenos de cariño y solidaridad. Gracias, muchas gracias.

Me he reencontrado con viejas amigas y al hacerlo fue como si el tiempo no hubiera pasado, como si la conversación de la semana pasada sólo se hubiera quedado en pausa. En el café he hallado a una de las mejores amigas que he encontrado en los últimos años. Me he reencontrado con compañeros de trabajo que me han acogido con cariño y respeto. Con ex alumnos que se han acercado a decirme que algo bueno dejé en ellos, sorpresivamente en el FB y en el Twitter me han abordado personas que ni idea tenía de dónde estaban y qué había sido de ellas. Gracias, muchas gracias. Amigos que aunque sólo hemos intercambiado mensajes, han llenado de calor mi corazón y ahí están, espero que este 2012, nos podamos encontrar. Me he encontrado con La Susanota y gracias a ella, he vuelto al aula. He dado conferencias, talleres, gracias Kate.

Mucho que reflexionar y que pensar.

Antes de terminar esta reflexión hago un aparte para mi nuevo trabajo, y aquí me permito citar a tres personas,la primera es Sunny, gracias mi querida Chonita por seguir creyendo en mí, por respetar la persona y la profesionista que soy y ayudarme a entender que hay vida y horizonte después del Tec. A Ernesto y a Oseas por reconocer mi trayectoria, por valorar lo que puedo aportar a esta empresa que tiene muy buenos augurios pero especialmente, por tratarme con dignidad, por preocuparse de generar las condiciones para que quienes formamos parte de we-know podamos desarrollarnos y ser felices con lo que hacemos. Por dar los espacios para resolver situaciones complicadas e inesperadas a pesar del poco tiempo que tengo con ustedes. Gracias Sunny por acercarme a estos chavos, gracias a Oseas y Ernesto por estar ahí.

Ayer por la tarde noche, tuve una larga conversación con Oseas y fue excelente, creo que significa un cierre de año revelador, hemos hablado de planes, de sueños, hemos redescubierto que vale la pena volver a un sueño inicial para recuperar el empuje y, especialmente la pasión, los ideales, sabemos que este descubrimiento dará el impulso que comenzaba a faltar.

Mi México, nuestro México está en mis pensamientos, en mis oraciones, de día y de noche. Me inquieta lo que veo y la falta de conciencia. Sigue siendo más cómodo como en tantas otras cosas que nos pasan, echarle la culpa al otro. Hagamos lo que tengamos que hacer, trabajemos por ser mejores personas, mejores ciudadanos, excelentes profesionistas y a amigos, y compañeros, y padres, e hijos,y hermanos. Dejemos de quejarnos y actuemos por nosotros, por el bien común. 

A mi familia, gracias, muchas gracias por estar aquí de manera incondicional. Martín, te amo; Gus, te amo; Ceci, te amo; Lucerito, te amo; David: te amo.

Feliz 2012, que para todos(as) sea año de cambios para bien, de ser más respetuosos, mas dignos, más íntegros, más congruentes, más coherentes. Que sea un año amoroso, cuidado,gozado (conste que no soy obradorista, ¿Eh?) Feliz 2012 con todo mi corazón, con toda mi razón, con todo mi espíritu.

Música de hoy: el álbum de Adele 19.
Lectura de hoy: El aprendizaje pleno de David Perkins

P.D. Me encanta Dios
P.D.2 Trabajando para cerrar dos círculos muy importantes

lunes, 31 de octubre de 2011

Mi papá Roberto

Padre, descansa en paz...

El sábado por la tarde murió mi padre, mi padre de corazón, el padre que me dio referentes importantes para la vida. No se explicar lo que siento, tengo enterrada en mi corazón una tristeza muy muy honda que no puedo explicar, que no soy capaz de colocar en ningún lado. Es posible que sea pronto, es posible que con el paso de los días pueda encontrar acomodo a los recuerdos que se agolpan en mi mente, uno tras otro produciendo emociones encontradas.
Tengo una tristeza que nunca pensé sentir en las circunstancias actuales. Siento un gran vacío. No sé lo que siento que me deja como apagada, como extraviada en algún lugar. Me queda claro que hacia mi papá Roberto hay un sentimiento de cariño y aprecio. Mi papá Roberto tuvo el mérito de habernos acogido y a su manera, cuidarnos y ver por nosotras, de querernos a su manera, de estar con nosotras, a su manera.
Mi papá Roberto nos dio y compartió risas y llanto, alegrías y tristezas, soledades y abandonos, silencios y estruendo; con él creo que nunca hubieron medias tintas. Mi papá Roberto, desde su muy particular forma de ver y vivir la vida, nos enseñaba que valía la pena luchar, trabajar, vivir. Podía ser muy duro, muy terco, muy difícil, pero también podía sonreir, sabía reir, sabía decir cosas lindas y alegrar el corazón. También, como cualquiera de nosotros podía herir con sus palabras de manera profunda e inolvidable, pero esta semana aprendí que cuando alguien ha iniciado el camino hacia la luz (yo creo que es así), dejan de importar las diferencias y el dolor que pudiera existir a través de los años.
Cuando llega la muerte, es posible reconfirmar que el hubiera no existe, que lo que fue ya pasó y que más vale dejar ir lo malo y recuperar lo bueno como una forma de homenaje para quien se va, como una manera de perdón a una misma y a quien parte. Se puede saber y también confirmar que lo importante es el amor a la familia, la unidad y complicidad que surge entre hermanos, la dimensión que se descubre en una madre, la manera como unos y otros nos vamos acompañando, apoyando, recuperando.
Esta noche pensando, sólo puedo decir gracias por todo. Roberto, papá, gracias a pesar de tantas cosas que nos hacían guardar distancia y no comprendernos. Gracias a mi familia: mamá, hermanos, esposo, hijos, sobrinos, cuñada, cuñado, amigos, hermanos de corazón.

domingo, 16 de octubre de 2011

19 años


Caminando en Guanajuato
Explorando en mi memoria, esta mañana recordé cómo había sido el 16 de octubre de 1992. Había ido al hospital la noche anterior y a las 8:30 de la mañana, ya en quirófano, finalmente llegaste. En cuanto te ví, mi corazón se llenó de amor. Atrás quedaron las dudas y los temores.
Después de haber vivido unos meses inciertos, ¡de pronto! me cambiaste la vida de manera definitiva. Llegaste pequeño pero grande y complementaste mi vida y la de quienes están cerca de tí. A veces ha sido fácil, a veces ha sido muy complicado y muy, muy difícil y problemático.
Cada día de tu vida, es un privilegio, en las buenas y en las malas. Hemos pasado tiempos maravillosos, han habido muchas risas, mucho amor ¡tanto! que nunca ha dejado de fluir... han habido momentos muy, muy difíciles que cuando tú creías que era lo peor que estaba pasando, yo sentía que el corazón se deshacía de dolor, pero tú, yo, los que te amamos, teníamos que seguir andando la vida.
A lo largo de estos 19 años hemos vivido de todo. Desde tu llegada hubo luz, la cual iluminó nuestro camino cuando la noche se volvió tan larga que parecía que nunca iba a terminar. Mi amor es infinito, incondicional e interminable. Nunca lo olvides. Siempre, por siempre, cuentas conmigo, en las buenas y las malas.
Crece como hombre íntegro, desarróllate a plenitud, no olvides que equivocarse es más fácil de lo que imaginamos y volver a levantarse es tremendamente difícil. Ten presente la importancia de tener el carácter suficiente para seguir adelante a pesar de todo.
Este año ha sido clave. Has encontrado de todo y aquí estás ante un destino que tú puedes construir con decisión, con inteligencia, con el corazón, con sencillez, con humildad, con caballerosidad (no está pasada de moda). Respeta a todos, a chicos y grandes. En los pequeños ve el futuro que hay que guiar, en tus iguales el mundo que deben construir e impulsar para hacerlo mejor. En los adultos, reconoce su experiencia, respétalos y aprende. En los ancianos deposita tu confianza y ríndeles tributo en todo momento y también aprende.
Que Dios te bendiga hoy y siempre. Camina por el sendero del bien, evita el mal. Como me enseñó un maestro clave en mi vida: "Asegúrate de que el bien sea inmensamente grande y el mal inmensamente pequeño"... házlo una ley para tu vida y verás que la ruta que elijas te permitirá seguir el camino de la verdad y de lo correcto.
Te amo chamaco...

jueves, 8 de septiembre de 2011

Ser o no ser

Dice más o menos así:

Llega un momento en tu vida en que la verdad
sigue como la noche al día, impidiendo cegarte
en el fulgor de la mentira disfrazada de lo que
quieres escuchar, de lo que quieres que se haga
cuando la realidad es otra.
El tiempo te enseña que cualquier cosa
que hagas a favor o en contra de tí mismo(a)
y de los demás, la vida te lo reclamará,
te lo cobrará o te lo compensará.

Llega un momento en tu vida en que o respondes
a la altura de las circunstancias o te prostituyes
en la mentira de una vida que poco a poco
va dejando de pertenecerte, y que aunque creas
que es verdad, no existe, no es.
Hace aproximadamente cinco o seis semanas que estoy de regreso en Guadalajara después de una ausencia de 11 años. No me he dado el tiempo de pensar, sólo sé que ahora voy a un ritmo distinto, que estoy aprendiendo a vivir con mis niveles de adrenalina muy por debajo de los que me han poblado los últimos casi 18 – 20 años. No es fácil aprender a andar distinto después de tanto vivir a las carreras. No quiere decir que no deba apurarme y olvidar que una parte fundamental de mi nuevo trabajo es ser creativa, pensar y concretar. ¿Decisiones? ¡Muchísimas! La primera y más importante, ser congruente, decir “basta”. La segunda, cambiar el rumbo de mi cómoda y ya definida vida, romper mi burbuja de confort. Más de alguna persona pensará que soy tonta, que es mucho lo que me he jugado, que total con que hubiera sobrellevado aquello que me causaba quebrantos, con que hubiera hecho como que no pasaba nada era suficiente, al fin que no hay mal que dure cien años. Y ¿mi dignidad?, ¿mi integridad?, ¿mi autoconcepto?, ¿mi vida?
Han pasado más de seis meses desde que comenzó el proceso de dar un paso definitivo, aunque previo a esto hubieron muchas cosas más. Pasaron noches interminables, días larguísimos suspendidos en una nada impuesta (no por mí) que hicieron flaquear mi equilibrio, mi creatividad, mis proyectos, mis anhelos. Fueron tiempos de valorarme, de descubrir que puedo ser alguien en cualquier lugar donde me encuentre, de aceptarme y de asumirme con mi inteligencia, con mis capacidades, con mis sueños y, desde luego, con lo que no me gusta de mí, con lo que me incomoda y me hace sentir insegura e incluso enojada. Me ha costado tanto aprender que no se necesita esperar a que alguien te de las gracias y mucho menos a que te diga lo mucho que vales o a que reconozca tu trabajo. Que no se necesita esperar a que respeten tu palabra cuando más bien sabes que es motivo de escarnio y de burla. Cuando hablar con la verdad, paradójicamente, te convierte en “poco ético”, condenándote a una especie de ostracismo.
Cuando más triste y desesperada me sentí, me pregunté cómo sería al otro día de volver a comenzar, muchas veces recordaba una lectura que hice hace algunos años acerca de cómo se sentían los indígenas de la recién humillada Tenochtitlan después de su caída. Este texto explicaba que la madrugada del 14 de agosto de 1521 llovía y los recién vencidos deambulaban como extraviados del alma y del corazón, con una sensación de vacío por la pérdida de la orgullosa ciudad, por los dioses desaparecidos, por la vida que cambiaba sin tener idea de qué seguía… yo pensaba que al dar el gran paso me sentiría perdida, sin futuro, sin rumbo, ¡no fue así! Lo que llegó a mi alma fue paz, una gran calma, una tranquilidad producto de tener la certeza, a pesar de todo, de haber hecho lo correcto y un mundo de posibilidades para desarrollarme a mi medio siglo de vida.
Para quienes no creen en mí, para quienes yo resulto una renegada a quien hay que negar, seguro buscan hundirme en el olvido, en el silencio, en un “ella se lo pierde”, de mí se dirán muchas cosas, pocos “me defenderán”, muchos(as) me negarán, otros(as) hablarán de lo mal que hice algunas cosas (de las buenas, desde luego, ni se acordarán), lo que no pueden decir es que sea mentirosa. No, no lo soy y por eso, a pesar de lo que significa ser parte de algo que era vital y que, a pesar de todo, sigue siendo importante es que decidí volver a comenzar en compañía de mi esposo y de mis hijos e hijas.
Doy las gracias por tantas cosas, por lo bueno y por lo malo, por lo que me ha hecho esperar y luego tomar fuerza para tomar decisiones. Doy las gracias por este tiempo que a pesar de muchos sinsabores, de muchas tristezas, de una depresión que se prolongó por más de 7 años, llevándome a replantar muchos aspectos de mi existencia. Doy las gracias porque pude seguir adelante aunque mi mente y mi corazón dijeran “ya no” y aun así producir, estar frente a grupo, desarrollar proyectos, concretar programas, hacer un segundo posgrado del cual digo que además de su especialidad, también obtuve una adicional: una especialidad en depresión y ansiedad (mejor reír ¿no?).
Estas semanas, sólo me he dejado tocar por mis alumnos y una que otra persona, por sus palabras de ánimo, de agradecimiento, de reclamo; debo decir que sólo extraño estar frente a grupo; sin embargo, incluso estos meses que permaneceré fuera del aula, los asumo como un respiro y como una oportunidad para reflexionar. Proyectos, programas, actividades, no me faltan y mi andar ahora es más pausado aunque el cuerpo reclame más velocidad. Hoy por hoy estoy en un proceso de aprender a vivir en calma. No siempre lo consigo pero es interesante encontrarse ahí. Es interesante que mi computadora ahora sí cumpla su función de auxiliar y no de total dependencia hacia ella. Han quedado atrás los días en los que sólo la “hibernaba” mientras iba del trabajo a casa.
Es sorprendente que sin importar dónde esté, siempre se aprende del entorno, de las circunstancias, de las acciones propias y de los demás; se aprende a reconocer lo que se quiere y lo que no. A decir “basta”. A tener claro qué no estás dispuesto(a) a aceptar o a sacrificar. A aprender a vivir distinto. Puedo dar las gracias de los últimos once años pues si no hubieran transcurrido, con lo bueno y con lo malo, en este momento no estaría escribiendo esta nota y reflexionando ya no sobre lo pasado, sino acerca de lo que viene.
Este tiempo ha servido para saber quiénes realmente son mis amigos(as), quiénes sólo fingían, quiénes –sin escrúpulo alguno- hacían como que eran mis amigos(as) cuando en realidad eran actores de una farsa orquestada por la mentira y el mal. Este tiempo me llevó a confirmar que aunque no me guste hay gente mala que creyendo tener la verdad en sus manos, puede acabar con la vida (en algún sentido) de quienes le rodean. Aprendí que irse no necesariamente es huir, puede ser aprendizaje, puede ser crecimiento, puede ser abrirle paso a la vida de una manera distinta a la transcurrida, uno(a) lo decide.

“Ser o no ser” escribió Shakespeare y justo de eso trata este escrito, ser o no ser es una decisión personal, es la conciencia de lo que implica ejercer el libre albedrío, es reconocer la relación entre “yo” y “mí misma” y los demás. Es hacer lo correcto, es optar por el mal menor, es decirle si a la vida para reinventarla, para seguir creciendo y andando de frente. Es decir gracias por el futuro que viene.
Frase de hoy: “Gracias a la vida”.
Canción de hoy: “El son de la esperanza” con Los Lavaniegos.

miércoles, 20 de julio de 2011

Burbujas y burbujas y más burbujas



Burbujas o esferas
  
"Un hombre no puede actuar con acierto en un nivel de su vida si está ocupado actuando desacertadamente en otro. La vida es un todo indivisible." Mahatma Gandhi (1869-1958), abogado y político hindú

Dice la RAE que Burbuja es una voz onomatopéyica cuyas acepciones son: Glóbulo de aire u otro gas que se forma en el interior de algún líquido y sale a la superficie. Habitáculo hermético y aislado del exterior. U. t. en sent. fig. Los poderosos viven en una burbuja de impunidad. En aposición para indicar que la persona o personas designadas por el sustantivo al que se pospone están sometidas a terapia con aislamiento absoluto. Niños burbuja.

Una burbuja, dos burbujas, muchas burbujas, infinidad de burbujas dentro de una sola burbuja. Cada una tiene un nombre, un patrón, un modo de ser burbuja tanto, que pareciera que nunca va a reventar; sin embargo, cuando el movimiento se vuelve una exigencia, la burbuja debe romperse sin remedio y pudiéramos pensar que al hacerlo dolerá... es posible que sí pero, lo que sigue, tiene que ser mejor sencillamente porque es cobijado por el manto de la verdad.

La burbuja del miedo
Encerrarse en el miedo no produce. El miedo, dice la RAE, proviene del latín metus y es una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario o recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.
¿Cuántas veces nos hemos quedado congelados(as) por el miedo? ¿En cuántas ocasiones hemos dado el poder a otros(as) sólo por no controlar el miedo? ¿Cuánto tiempo nos hemos quedado estacionados en el mismo lugar día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año? ¿Cuántas cosas nos habremos perdido por miedo? Pero llega el día de tomar decisiones y a pesar del miedo a lo desconocido se escoge entre al menos dos caminos: permanecer eternamente en esta burbuja o tener el coraje de reventarla para poder respirar y volver a vivir plenamente, aunque resulte complicado por momentos.

La burbuja del desaliento
Junto a la bubrbuja del miedo que congela, se encuentra la burbuja del deslaliento, la RAE (otra vez nos auxilia) dice que viene de desalentar, que es decaimiento del ánimo, desfallecimiento de las fuerzas. Nos suena familiar ¿no? El desaliento¨puede quedarse habitando de la mano del miedo por vidas enteras, matándolo todo; contaminando, ensuciando el alma descubriendo entonces que aunque se relaciona con falta de fuerza, tiene más poder que muchos otros sentimientos y actitudes positivos. Cuando hay desaliento constante, es que seguimos dependiendo del poder que otorgamos a otros(as), seguimos siendo lo que otros(as) quieren que seamos, seguimos pensando que si hacemos lo que se espera de nosotros(as) aun pasando por encima de nuestra dignidad y convicciones, de nuestra esencia, todo estará bien.

La burbuja de la mentira
En la RAE, encontramos que proviene de mentir y significa expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa; errata o equivocación material en escritos o impresos. Se usa más tratándose de lo manuscrito; coloquial, manchita blanca que suele aparecer en las uñas; coloquial, chasquido que producen las coyunturas de los dedos al estirarlos.
La mentira conduce a la ceguera del alma, nos lleva a transitar por la incongruencia y la falsedad. Nos hace creer que podemos vivir con aquello que no aceptamos de nuestra existencia olvidando el viejo dicho "no se puede tapar el Sol con un dedo", nos creemos tantas mentiras que llegamos a perdernos en ellas.
Con la mentira a cuestas, puede pasar que nos contemos historias para luego creerlas; que en las lisonjas de conocidos y extraños, nos contemos que somos mejores que otros(as); que en el dolor y el desánimo, nos volvamos los(as) más extraordinarios cuenta-cuentos de toda la historia del pensamiento.
Ley de la vida: la mentira siempre, aunque tarde, pierde. La mentira no vende y aunque se cuente muchas veces para que parezca verdad (recordemos a Josep Goebels), la verdad relucirá en toda su magnitud.
La verdad aunque duela, siempre será mejor que la mentira. Romper la burbuja de la mentira puede doler mucho pero al paso del tiempo, nos dará fuerza para decir, a pesar del costo, ¡NO! a lo que distorciona la realidad de los hechos.

La burbuja del conformismo
"No me gusta cómo me tratan (pero me resuelven el problema)". Esta es una de las burbujas más dañinas. Pueden  molestarnos un sin fin de pequeñas situaciones PERO como las cosas parecen en orden, entonces no hacemos nada. Dentro de esta burbuja pueden habitar, casi invisibles, las burbujas del miedo, del desaliento, de la mentira ¡peor aún! la burbuja del "no pasa nada".
Desde mi punto de vista, esta es una burbuja asesina, mata las esperanzas, los sueños, el carácter para continuar el día a día. Mata la luz en la mirada, mata el orgullo de poder reconocernos como personas en constante cambio, como seres pensantes con conocimientos y habilidades infinitas (si te has hecho cargo de desarrollarlas desde luego).
En esta burbuja también viven las de la humillación, la frustración, la indiferencia. Pésima combinación ¿verdad? Letal diría yo.

La burbuja de la humillación
Humillación, de acuerdo con la RAE es la acción de humillar. Humillar proviene del latín humiliāre. Significa 1. tr. Inclinar o doblar una parte del cuerpo, como la cabeza o la rodilla, especialmente en señal de sumisión y acatamiento. 2. tr. Abatir el orgullo y altivez de alguien. 3. tr. Herir el amor propio o la dignidad de alguien.
4. tr. Taurom. Dicho de un toro: Bajar la cabeza para embestir, o como precaución defensiva. U. t. c. intr.
5. prnl. Hacer actos de humildad. 6. prnl. Dicho de una persona: Pasar por una situación en la que su dignidad sufra algún menoscabo. 7. prnl. ant. Arrodillarse o hacer adoración.
En esta burbuja viven la vergüenza y la culpa y en nombre de ellas, se aceptan formas de ser y pensar no propias. Se acepta el juego del que cree poder más, de quien ostenta el poder y espera se acepte sin chistar. También se alojan las demoledoras palabras y actos de quien cree que tiene en sus manos "la verdad" La humillación puede hacernos pedazos y otra vez tenemos de dos: reventamos la burbuja y nos movemos con la cabeza en alto o terminamos de humillarnos olvidando que si optamos por la segunda opción, nos convertiremos en algo así como un "kleenex", seremos un objeto que se usa y se tira.

La burbuja de la frustración
Una de las burbujas más dañinas es la que tiene en su interior la concentración de nuestros fracasos y turbulencias, de nuestras desaveniencias, de nuestros sueños no cumplidos. Es una burbuja que nos lleva a transitar entre la conformidad, el desaliento y la humillación del fracaso. ¡Qué burbuja tan fea, tan sucia! Es una burbuja que nos puede conducir a claudicar ante la vida.

La burbuja del hubiera
Esta burbuja vive en muchas personas. "Hubiera ido", "hubiera hecho", "hubiera aceptado", "hubiera conocido", "hubiera dicho" y hubiera y hubiera y más hubiera, todos y cada uno de estos hubiera, nos lleva a olvidar que el hubiera no existe, que el hubiera ni siquiera fue. Tantas personas se quedan ahí doliéndose de no tener un recuerdo, una evidencia de que la vida sigue y hay que actuar. Esta burbuja trabaja de manera cercana con la frustración. Una alimenta a la otra, también lleva por el camino para darnos por vencidos(as).

La burbuja de la indiferencia
La indiferencia es un cáncer. Hoy en día es una burbuja cada vez de mayor tamaño. Nos hace olvidar nuestra naturaleza de personas, nuestra capacidad para mirarnos en el otro, nuestras posibilidades de entender y amar, de acompañar y sentir, de vivir y recordar que las personas lo somos en cuanto que podemos pensar, decir y hacer.
Esta burbuja también produce ceguera en el alma, tanta que puede volverse irreversible, ejemplos tenemos infinitos, lo grave es que nosotros(as) casi sin darnos cuenta, en nuestras negaciones, vamos perdiendo nuestra capacidad de observación, de admiración, de escucha, de sentir, de ser.

Sabemos que hay muchas más burbujas. Creo que el reto es no quedarse dentro de ellas con un sentimiento o actitud que nos hagan vivir dentro de ellas y que al paso del tiempo se conviertan en máscaras, corazas impenetrables. En la medida que esto sucede, dejamos de ser, poco a poco o incluso de golpe perdemos nuestra esencia, nuestra calidad de personas.
 
Las burbujas deben ser como esas con las que juegan los niños, darnos alegría con su tamaño, con sus gloriosos y momentáneos reflejos y después reventar a la vida para cada vez ser mejores personas.
 
Reflexión de hoy:
"Perder la propia individualidad y convertirse en un mero engranaje de una máquina está por debajo de la dignidad humana." Mahatma Gandhi (1869-1958)
 
Música para escuchar: 

Johannes Brahms - Serenade nr. 2, Op. 16

domingo, 26 de junio de 2011

"La casa fría"

"La Casa Fría"

¿Saben quién fue Becerra y Tanco? Es posible que no. Es un personaje poco conocido, excepto por los expertos en el tema del Guadalupanismo. Luis Becerra y Tanco (1603-1672), criollo nacido en Taxco, Gro., pasa a la historia por su contribución a las generaciones posteriores: documentó en el siglo XVII, sus recuerdos y los testimonios de las apariciones guadalupanas.
No, no voy a hablar de tan importante bachiller. Becerra y Tanco, es el nombre de la calle donde vivimos hace como quince años. Se ubica en la colonia Chapalita, en Guadalajara, Jal. Esta era una casa vieja, pero grande, agradable, con una ubicación excepcional, dado que corría casi paralela a una de las vialidades más importantes de la ciudad, Lázaro Cárdenas.
A esta casa llegamos cuando comenzábamos a recuperar el paso después de la muerte del padre de mis hijos. Después de pasar tiempos muy complicados, finalmente encontramos este lugar para vivir. Era una casa muy grande, tenía su cochera y un pequeño jardín en el frente. Subiendo como cinco-seis escalones, estaba la entrada a un pequeño vestíbulo, con un medio baño, la sala, el comedor, la cocina que recuerdo comparada con la casa, era pequeña, el patio de servicio y una escalera a un cuarto en la parte de arriba que utilizamos como bodega.
Había un pasillo y dos cubos de luz, uno muy grande, rodeado de ventanales y otro anexo a la cocina. Un baño, tres recámara muy amplias y un patio-jardín trasero bastante grande que dada nuestra situación económica, no podíamos darle mantenimiento por lo que mi madre, lo usaba sólo para tender ropa.
El cubo de luz grande tenía plantas, el piso de tierra tenía sobrepuestos ladrillos y por ahí, mis dos pequeños se asomaban para poder ver hasta la sala.
A mí me gustaba esa casa, creo que si hubiera podido la hubiera comprado para remodelarla. El único problema de este lugar, es que la casa era, aun en verano, muy fría. Por un tiempo no comprendimos la razón de tanto frío, ¿cómo era posible que lo fuera tanto? El hijo pequeño comenzó a enfermar una y otra vez hasta que llegó el día en que se puso realmente grave.
Entre enfermedad y enfermedad, mi madre descubrió que el medio baño tenía problemas, pero no encontraba la razón y el cubo de luz lleno de plantas, siempre estaba húmedo, aun en tiempo de "secas". Un día grande fue la sorpresa, al descubrir que por el sanitario del medio baño salía una raíz. Tuvo que ir el plomero, quien debió desmontar el w.c., descubriendo que no era que "se hubiera tapado", el problema era que las raíces de lo plantado en la colindancia, estaban comenzando a dañar la propiedad donde vivíamos.
Algo muy especial para decidir vivir en esta casa fue que la calle tenía muchos árboles, frente a nosotros veíamos la barda de una casa enorme, de la que sobresalían infinidad de enredaderas y árboles. Por otro lado, una de las casas colindantes, tenía unos enormes bambúes, altísimos, tanto como un edificio de cuatro o cinco pisos, esto hacía que donde estaba el cubo de luz grande, tuviéramos una especie de muro verde muy alto que desde luego, a nuestra llegada, nos encantó. Lo que ignorábamos era que estas bellezas, tenían años de haber sido plantadas, que sus raíces eran profundas y, especialmente, que eran invasivas; no sabíamos que los dueños de estos bambúes no estaban dispuestos a hacer nada para cambiar la situación provocada y que los dueños de la casa donde vivíamos ya habían tenido fuertes discusiones con nuestros vecinos por los problemas que se estaban generando.
En esa casa celebramos los dos años de mi hijo más pequeño, de esa casa tuvimos que irnos porque la salud de mi niño, estaba particularmente comprometida. Una vez que nos cambiamos de Becerra y Tanco a la calle de Fray Juan de Zumárraga (la colonia Chapalita tiene nombres relacionados con el tema de la Guadalupana), los hijos, cuando querían mencionar algo relacionado con nuestro hogar anterior, dieron en llamarla "la casa fría". Hace unos días platicando con mi hijo, me decía que no se acordaba prácticamente de nada, sólo de que esa era "la casa fría".
Alguna vez he vuelto a pasar por ahí, "la casa fría" sigue ahí y los espléndidos bambúes también, ignorantes de que a pesar de su belleza y elegancia no están donde deberían, dañando así las propiedades aledañas. Esos bambúes, no tengo duda, cuando fueron jóvenes, tuvieron un tamaño muy manejable, no era moda, seguro que a los dueños les llamaron la atención y les pareció interesante ocultar el muro de ladrillo con un muro verde. Hoy las cualidades estéticas de los bambúes además de su resistencia, los han puesto de moda y son plantados en los jardines de muchos lugares, ignorando que con la fuerza que adquieren (maravillas de la naturaleza), los cimientos de las casas, las instalaciones, se pueden ver perjudicadas.

P.D. Acabo de entrar a Google Earth y ¡los bambúes ya no están y la casa donde vivimos ha sido remodelada! (Vean la imagen inicial... así no era "La Casa Fría")

Recomendaciones:
El bambú en México, en: http://www.bambumex.org/paginas/articulos.htm
El bambú japonés, en: http://www.tubreveespacio.com/reflexiones-01may05/bambu%20japones.htm

jueves, 16 de junio de 2011

Conociendo a Chimamanda Adichie... y los burros de noria.

Esta mañana, leyendo el blog de un participante en un curso de uso didáctico de blogs que tengo el honor de acompañar como instrutora, me encontré que citaba a Chimamanda Adichie, ¡excelente regalo! Ha refrescado mi alma, mi corazón y mi convicción de que la vida, los hechos, las historias, deben ser analizadas desde diversos puntos de vista. Una sola interpretación nos orilla a mirar, algo así como "burros de noria" (esos cuadrúpedos que toda su vida dan vueltas amarrados a un eje, con los laterales de sus bellos ojos cubiertos para que nada más vean hacia adelante). El problema es que infinidad de personas, en su burbuja de confort son "burros de noria", sólo miran hacia adelante o, peor aun, hacia atrás, a los lados no es opción.

Tomado de: Costumbres
Creo que Chimamanda Adichie, habla acerca de esto en su conferencia "The danger a single story", además de encantarme lo que narra, me hace recordar que los puntos de vista únicos son peligrosos, o si no, pregunten al espíritu de Joseph Goebbels cuando se atrevió a decir que "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad". Hace poco compartía en una red social que quizá, quizá, pueda parecer verdad pero JAMÁS dejará de ser mentira y esta lección creo que el pueblo alemán la aprendió de la manera más difícil y dolorosa.

Otro autor que viene a mi mente, es Eduardo Galeano con su texto Puntos de vista, aquí la liga y un fragmento: "Desde el punto de vista del sur, el verano del norte es invierno. Desde el punto de vista de una lombriz, un plato de espaguetis es una orgía. Donde los hindúes ven una vaca sagrada, otros ven una gran hamburguesa. Desde el punto de vista de Hipócrates, Galeno, Maimónides y Paracelso, existía una enfermedad llamada indigestión, pero no existía una enfermedad llamada hambre..."

Tenemos tanto que aprender de tantas cosas, pero de manera particular y especial, necesitamos aprender de los demás, necesitamos aprender a mirarnos en los ojos de los otros (yo y uno mismo no son suficientes), no para vivir sus vidas, sino para buscar entenderlos. Requerimos con urgencia aprender a escuchar con el alma, con el corazón,  no sólo con la razón. Es indispensable, ante una historia, una circunstancia, saber ponernos en los zapatos del otro. Abrir la posibilidad de escuchar desde distintas perspectivas antes de definir una postura, una convicción. Es urgente aprender que los argumentos serios, sustentados en la verdad de los hechos pesan más que las murmuraciones, las interpretaciones, el andar por la vida como "burros de noria".

Escuchen y lean la versión estenográfica de The danger a single story:


Mucho que pensar y reflexionar, ¿no es así? es peligroso mirar las cosas desde una sola perspectiva.

miércoles, 15 de junio de 2011

Cuando tu aire es invadido por humo aromático

Lindas ¿no?...también echan humo
Cuando era niña, recuerdo que mi abuelo consentido fumaba un cigarro tras otro. Se contaba que había comenzado a fumar a eso de los 11-12 años de edad. Lo recuerdo con su larga barba y sus inseparables "Alitas" (cigarros Alas). Recuerdo que había un olor penetrante en sus ropas, en su habitación en la casa. Yo no sabía que era el aroma del cigarro y que ese olor además de dañarlo a él, nos dañaba a quienes le rodeábamos.

Después, tengo presente a mi querido Chilolo, saboreando un cigarrillo, es vago este recuerdo. Mi papá Roberto, en casa, fumaba uno o dos cigarrillos y sólo al terminar de comer. Recuerdo que si había una reunión, los ceniceros podían terminar repletos de colillas que mi madre diligentemente retiraba antes de ir a dormir con el fin de que todo quedara limpio.

Fue por aquellos años que hice mis pininos con el cigarrillo descubriendo que NO ERA LO MÍO, me mareaba, me daba dolor de cabeza y su asqueroso sabor quedaba en mi boca por horas, sin contar el olor que impregnaba mi ropa. Dicho sea de paso, ninguna de las maravillas que promete el cigarrillo se cumple.

Años después, ya trabajando, era común que todos fumaran. Mi empleo era en uno de los mejores lugares del mundo (ahora lo se), era radio cultural y entonces se escuchaba música, se aprendía, se escribía, se leía. El único inconveniente es que desde el Director hasta quienes hacían el trabajo técnico, la mayoría, eran unas chimeneas andantes. Por supuesto, algo que no podía faltar era el café.

Cuando conozco al padre de mis hijos, fumaba y fumaba. Algo particular es que no conservaba el desagradable olor del cigarrillo y nunca le escuché toser por el humo. Nunca fumaba en las habitaciones, pero el hecho es que cada vez que él fumaba, yo también lo hacía y, tristemente, mis hijos también. Finalmente, fallece y me vuelvo alérgica física y mentalmente, al cigarrillo. Igual mis hijos.

Habían transcurrido alrededor de diez años cuando me tomaron unas radiografías ¡y mis pulmones todavía tenían evidencia de mi convivencia con un fumador! Por lo tanto, mis pequeños, seguramente estarían en condiciones similares. El más pequeño sufre de asma que inicia desde bebé. Pasó por un problema pulmonar severo y bueno, cada resfriado común puede ser todo un problema. ¿Más razones para ser enemiga pública del cigarrillo y sus efectos?

En un lugar libre de humo (como se declaran dieversos sitios públicos) se espera que no nada más se esté libre del humo de los cigarrillos, también de otros elementos, por ejemplo, el incienso. En ambos casos debe ser una garantía no ser un "inhalador pasivo". Para quienes fuman o prenden incienso, en muchas ocasiones, les resulta fácil afirmar "es mi cuerpo y hago con él lo que quiero", el asunto es que para quienes no fuman o no les agrada el incienso, nos les preguntan si les agrada ser dañados "tácitamente" por los placeres de otros.

En la actualidad, está de moda prender incienso, ¿será porque dicen que puede ser romántico, sanador, propiciador? No lo sé, pero si se que es AROMÁTICO, muy AROMÁTICO: la quema de incienso (en la liga está su interesante historia). "La Hermandad Blanca" explica, dependiendo del aroma, cuáles son los beneficios del mismo:

  • Incienso natural: revitalizante, despeje mental , clarificador, relajante ideal en la meditación, estabilizador emocional.
  • Estoraque: suavizante y unificador atrae gente, relaja es sensual y activa lo sexual, armonizante emocional, sensual, unifica, para el amor.
  • Ámbar: revitalizante en lo anímico, anti estrés, estabiliza en general.
  • Jazmín: estimulante anímico, antidepresivo, unificador.
  • Patchuli: para la meditación , estabilizador, para lo sensual y para el dinero.
  • Frutilla: para los afectos y las emociones, unifica y relaja, es anti estrés.
  • Pino: es refrescante y revitalizante; despeja la psiquis.
  • Eucaliptus: relajante y refrescante, clarifica y optimiza.
  • Violeta: suaviza, relaja, unifica y estabiliza anímicamente.
  • Lavanda: revitalizante, refrescante, ayuda al despeje psíquico y a la sensación de paz.
  • Jazmín: mejora la meditación y aumenta el apetito sexual.
  • Frankincensé: atrae el dinero, ayuda a la meditación y al despojo.
  • Rosa: atrae el amor, sirve para aprender a amarse uno mismo y para atraer la amistad.
  • Jengibre: Para el poder. También relaja el espíritu.
  • Cedro: para la limpieza y la purificación. Ayuda a la valentía.
  • Sándalo: protección, sanación.
  • Mirra: protección, espiritualidad.
  • Gardenia: para aliviar el dolor de un amor.
  • Coco: protección, purificación.
  • Canela: para atraer el dinero y el éxito.
Interesante ¿no? Se lee motivador y atractivo, pareciera que el incienso además de echar humo y aromatizar puede resolver casi cualquier problema (bien por los que creen en esto); sin embargo, ¿qué del humo? ¿qué de los daños que provoca inhalar este perfume "misterioso" cada vez que algún fan del incienso, inocentemente decide prender una varita, misma que no sólo aromatiza el espacio individual de quien lo consume sino que obliga a quienes le rodean, a respirar el humo de la también "inocente" varita aromática.

En Incemsum Incense, en sus PMF sobre incienso y los parámetros de calidad de incienso, se lee:
"La toxicidad de un palillo de incienso depende de sus ingredientes. Los palillos negros/colorados de grado comercial , que se hacen con mezclas de perfumes y alcohol, se queman más rápido y no permiten la evaporización de los compuestos aromáticos. Eso ocurre porque el punto de ebullición del alcohol, y el de las mezclas de perfumes - son bastante parecidas."

Como la sustancia aromática no se evapora, pero sí se quema, se produce monóxido de carbono como efecto secundario de la quema de hidrocarburos insaturados. El resultado es que el humo y el vapor producidos pueden causar dolores de cabeza y náuseas. Por eso mismo, algunos palillos de incienso que huelen bien antes de ser encendidos, producen olores desagradables al encenderse." Es decir, es como si me agachara a respirar las emisiones de monóxido de carbono de un auto y me quedara tan campante.
Los expertos explican que el humo del incienso contiene diversos contaminantes, incluidos gases que contienen monoxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NOx), óxidos de sulfuro (SOx), componentes orgánicos volátiles (VOCs), además del benzopireno (hidrocarburos aromáticos policíclicos) y metales tóxicos. También se pueden encontrar diminutas partículas sólidas. Desde luego, a mayor exposición, mayor riesgo.

En un entorno cuya ventilación es reducida, la exposición al humo y sus componentes es mayor, hacen que los compuestos cancerígenos aumenten su concentración. No hay duda, en mayor o menor grado, el humo del incienso es cancerígeno; personalmente, no me importa si mucho o poco. Sencillamente, espero que un lugar que se declara "libre de humo", pueda REALMENTE, estarlo, ¿qué no?

Algunos síntomas de reacción a las emisiones contaminantes del incienso, son:
  • Tos crónica
  • Expectoración crónica
  • Bronquitis crónica
  • Goteo nasal
  • Sibilancias
  • Asma
  • Rinitis alérgica
  • Neumonía
Paradójicamente, un fumador, al dejar de serlo y sólo inhalar el humo del incienso, disminuye significativamente su riesgo de adquirir cáncer de pulmón, aunque no otros males derivados de la inhalación constante de "las varitas". Un fumador o inhalador pasivo, ve comprometida su salud de manera importante.

Algunas fuentes:

sábado, 4 de junio de 2011

Juan G. Márquez, una lección de nobleza

Todo hombre que conozco
es superior a mí en algún sentido.
En ese sentido, aprendo de él.
Ralph Waldo Emerson




 
En la antigua biblioteca del lugar donde trabajo, conocí a Juan Marquez, ese día él tuvo todas las razones posibles para pensar lo peor de mí y responder de la misma manera como yo lo traté. Confundiendo a la persona con el problema, violenté lo que nunca debí haber violentado: la dignidad... la mía y la de Juan.

Después de varios años de batallar con la editorial que debía surtir los libros de texto de una de las materias que yo impartía, harta de escuchar mentiras, de recibir representantes, furiosa por los innumerables incumplimientos y retrasos producidos por al menos cinco años, llegó Juan Márquez, un hombre de estatura  mediana, cabello lacio, moreno y mirada tranquila quien con una ligera sonrisa me saludó y se presentó. Al momento de decir el nombre de la editorial, toda mi furia estalló sobre el representante.

Juan escuchó, no hizo nada más que escucharme y luego de que terminé mi terrible diatriba, sin detenerme a pensar ni por un momento, que mi reacción no era válida porque la editorial no era la persona que estaba frente a mí, me dijo que él se haría cargo de la situación.

Con la sabiduría de los dichos, hay uno que me gusta mucho "nobleza obliga". Juan Márquez me dijo que esta vez las cosas serían distintas, que los libros que yo esperaba recibir en tiempo y forma, él me prometía que llegarían sin ningún contratiempo. Con una de las miradas más desagradables que pueda tener y con una voz agria le respondí que no confiaba. Una vez más le hice mi solicitud, le expliqué mis requerimientos acerca del libro, la edición, etcétera y le reiteré que no le creía.

Pasados unos días, Juan Márquez me informó que los libros venían en camino y que además había conseguido que se importaran a un mejor precio, todavía me di el lujo de decirle que hasta no ver, no creer.

Antier vi a Juan Márquez después de habernos encontrado por primera vez hace como ocho años. Como siempre, me encontré con su mirada tranquila y su sonrisa amable. Preocupado pues como me había anunciado hace algunos meses, ya no sería posible traer el libro tan mencionado o, que de hacerlo, el costo se duplicaría. Me comentó que quizá un recurso podría ser utilizar el libro en línea. Le comenté que me gustaría revisar cómo está estructurado. Me indicó que me haría llegar una cuenta y un password que ayer me envió. Hoy por hoy, si Juan me dice que me enviará un material o que me compartirá alguna edición de algún libro útil para mi área de conocimiento, lo hace. En todo este tiempo a todo lo que se ha comprometido, lo ha cumplido y más, me ha compartido libros maravillosos que me han ayudado a aprender más de Arte en especial.

Ayer, me detuve a recordar esta historia y me alegré de hacerlo por el privilegio de reconocer a Juan Márquez como una persona confiable y me apené por la poca calidad humana que mostré en nuestras primeras interacciones. Hoy le digo a Juan, ¡gracias! Gracias por sencillamente no darse la vuelta y ya. Gracias por enseñarme que "aunque no sea su trabajo" (el área para la cual se requiere el libro no es responsabilidad de él), con disposición, las cosas se pueden y que cuando no es así, siempre, lo correcto es hablar con la verdad.

Gracias Juan Márquez por tocar mi vida dándome una lección de buena educación y nobleza, sencillamente con el ejemplo.

lunes, 18 de abril de 2011

Recordando a Roberto

Recuerdo que un día mi madre me dijo, "vamos a Irapuato para conocer a Roberto", recuerdo una casa en la calle de Matamoros, creo que tenía dos pisos y una especie de pasillo en la entrada. Hasta ahí, ni de chiste podía imaginar que era el primer acercamiento a lo que sería el futuro de mis próximos años.
Creo recordar haber ido a las pirámides de Teotihuacan y me acuerdo, más que nada porque los tenis que llevaba me ampollaron los pies y Roberto hizo cortes en la tela para que pudiera caminar. Es muy, muy vaga la imagen.
No se si mucho tiempo después o muy poco realmente, sin mediar ninguna explicación de nadie, estaba en una fiesta, había un pastel blanco, con rosas del mismo color ¡era lindo! Mi madre se veía muy bonita con un vestido negro que en la parte superior tenía una especie de tejido blanco y negro. No me acuerdo de Roberto. Estábamos celebrando en casa de "los León", nada más y nada menos que la boda civil de mi mamá con Roberto.
Luego tengo la imagen de un departamento muy grande, con el piso rojo. Era de desniveles. Tenía unas escáleras de piedra negra un poco poroza, supongo que sería una especie de tezontle. La recámara de "mis papás" estaba en el descanso, creo que era grande. Escaleras arriba, había una recámara más que daba a un patio, que también era de dos niveles. Debajo del nivel de la sala y el comedor, estaba la tercera recámara, era grande pero con poca luz. Había un balcón que daba a la calle de Tres Guerras que corría paralela a la Guerrero (la calle principal) y desde ahí se veía la parte trasera del Cine Irapuato. No era una vista bonita.
Tengo presente cuando llegó la mudanza de México (hasta ahí, seguía sin tener claro qué estaba pasando), creo en mi memoria, ver la lavadora de rodillos y mi casa de muñecas toda rota, esa casa que me dio alegría y que fue hecha por mi querido Chilolo. Lo que yo no veía era que esa casa de madera toda desvencijada, era de alguna manera la vida que venía.
Un día, en el departamento de Tres Guerras, saliendo del baño, Roberto me dijo: "de hoy en adelante, ya no soy Roberto, ahora soy tu papá" (el que se había ido, el biológico, era mi ídolo. No entendía absolutamente nada). No se en qué momento, dejé de ser una López-Loza para convertirme en Miranda. Todavía tenía mis cuadernos, mis lápices y un estuche que decía López. Además tenía plantillas de letras, materiales de dibujo, libros con el nombre de mi papá. Creo que nunca comprendí bien a bien qué sucedía, sólo se que me sentía muy sola y muy triste.
No se si esa o la Navidad anterior, fue la primera que pasamos en Irapuato, si se, en cambio, que fue cuando me dijeron que Santa Claus no vendría más, que ahora serían los Reyes Magos quienes traerían los regalos, ¡cosa más terrible no pudo haber ocurrido en mi infantil existencia! ¡Los Reyes me daban pánico! Supongo que como ese cambio, hubo muchos más. Recuerdo -por las fotografías- una fiesta de cumpleaños, mi séptimo aniversario, mi madre hizo el pastel (creo que se quemó ligeramente pues a ella no le gusta cocinar); por ahí rueda todavía una fotografía donde mi expresión es similar a otra imagen que anda por ahí, justo antes de ir a uno de los peores lugares donde haya podido estar, pero esa es otra historia.
Esa casa, como las otras dos que habité de ñiña a adolescente, relucían. Todo debía estar limpio e impecable. Los mosaicos, siempre "ondeaban" de brillantes. Nada, absolutamente nada, podía estar fuera de su lugar. El mundo "debía ser perfecto": ni un plato, ni un suéter, ni un juguete, ¡nada debía generar tiradero!
En alguna ocasión, asomada al balcón, ví a mi madre caminando con dificultad, traía puesto un vestido de dos piezas de color verda-agua, le dije a la señora del quehacer que veía que mi mamá se estaba poniendo panzona y me regañó por expresarme así, sin explicarme que esa panza era el avanzado embarazo de mi madre. Por más que trato de hacer memoria, no recuerdo que mi madre me haya explicado que iba a tener un hermanito.
Un buen día, llegó mi "tío-padrino", nos llevó a la zona militar y desde una ventana pude ver a mi mamá con los brazos vendados, estaba en el Hospital Militar y fue entonces que me dijeron que había un nuevo integrante en la familia. Al fin se había concretado el sueño de mi madre de tener un varón, tuvo que esperar tres embarazos para que, finalmente en el cuarto llegara el niño tan deseado.
Algún día, debe haber sido cercano a diciembre, mi hermano (jamás lo he podido ver como medio-hermano) y mi mamá llegaron, él había nacido el 20 de noviembre. Supongo que debo haber hecho muchas preguntas, se que era muy preguntona, sigo siéndolo.  Pero otra vez, no recuerdo que nadie me explicara nada de lo que estaba sucediendo.
Volviendo a Roberto, lo recuerdo con su camisa blanca, su corbata detenida por un discreto pisacorbatas, a veces de buenas, a veces de malas... cuando él estaba, NADA debía ocurrir que le enojara o le molestara. Yo no se si esto fue una exigencia de él o una imposición de mi madre. Es así que por años, fue una figura presente pero lejana, dura e intransigente. Cualquier cosa que le pareciera mal podía ser un enorme problema. Sin embargo, recuerdo que podía ser cariñoso con mi mamá, recuerdo oírlos bromear y reír. Cuando no estaba de viaje, pasaba a eso de las 11 de la mañana a tomar un cafecito. Conmigo era amable y con mi hermana pequeña, creo que podía llegar a ser, ocasionalmente juguetón; pero si algo no marchaba, estaba ahí como algo enorme que producía miedo.
No tengo idea de si ese crecer sintiendo que nada era nuestro, que nada nos merecíamos fue producto de los temores de mi madre o de Roberto. Creo -es un juicio- que fue una mezcla. Si me acuerdo que le encantaba juguetear con el pequeño bebé, que le gustaba hacer ruidos y que mi hermanito los repetía. Recuerdo que algún tiempo, esa criaturita fue la luz de sus ojos.
Por ahí en la memoria, tengo presente una ida a Acapulco y otra a Playa Azul; las idas al Club de Golf que eran de casi todos los domingos. De Roberto no recuerdo el humor, aunque cuando estaba de buenas solía ser bromista; de mi madre, bueno, no eran sus salidas predilectas... tampoco los paseos al campo y mucho menos un lugar para mi aterrador: Chamacuero, había un puente de palos, con una cuerda como "barandal" y el río rugiendo. Tengo presente que olvidar un abrelatas o un cuchillo o lo que fuera, era motivo de problemas.
La escuela transcurría, era mi refugio; los libros eran mi remanzo; la soledad era mi compañera. Como niña hice tonterías grandes y pequeñas, la mayoría de las veces porque (ahora lo sé), no comprendía infinidad de cosas. No entendía el mundo de los adultos. "Los niños no opinan" y "usted se calla porque no entiende" eran una constante. Si recuerdo la amenaza frecuente de "te voy a mandar con tu papá".
Así fue pasando el tiempo, Roberto después de dejar la compañía para la que había trabajado varios años, puso una bodega de abarrotes que trabajaron hasta reventar él y mi madre. Trabajaban de sol a sol y era evidente que había una cierta mejoría en el aspecto económico, pero nada era nuestro, nada nos merecíamos, mi madre nunca permitió que eso lo olvidáramos.
La vida no fue amable al lado de Roberto, no se si él llegó a darse cuenta de esto. Recuerdo que cuando se oía la llave en la puerta y él entraba, generalmente no sabíamos qué esperar. Quizá si hubiéramos tenido menos prejuicios hubiera sido distinto. Podía enojarse porque la comida no estaba hecha como a él le gustaba. Por el botón mal pegado. Por un pasador olvidado en el baño, por un sin fin de nimiedades que fueron desgastando nuestras vidas.
En algún momento, mi madre tuvo problemas serios de salud, estando fuera de casa cerca de dos meses. A su regreso, algo había ocurrido, las cosas eran aun más complicadas que antes. Ya había llegado la hermana de "en medio", una niña de ojos enormes, piel blanca y cachetes chapeados, era alegre y muy desordenada. Siete años en un hospital la hacían ser muy distinta a los otros miembros de la casa. Esto mucho más allá de los problemas motrices con los que nació.
Era el año de 1973, como premio por haber ayudado en la ausencia de mi mamá, me mandaron al D.F. a casa de los León. Sólo unos pocos días después, Irapuato se inundó. Todo el trabajo y el esfuerzo de muchas familias quedaron comprometidos, incluida la bodega de mis papás. Además de esta desgracia, había algo más que hacía muy tristes nuestras vidas. Los pleitos eran cada vez mayores y las ofensas llegaron a ser terribles, se dijeron cosas tan hirientes que comprometieron muchas cosas para el futuro. Cuando murió mi abuelito, las cosas se pusieron mucho peor, si antes no me sentía cercana a Roberto, en esos días ¡menos!
Después de la inundación, la casa quedó en deplorables condiciones y creo que nuestras vidas también. Algo pasó que un buen día se compraron muebles nuevos. Se tapizaron los muros de la sala y el comedor (era la moda). La buganbilia de la entrada y  las jacarandas, a pesar de todo, seguían dando sus bellas flores, tapizando de rojo y especialmente morado la calle. Incluso tuve fiesta de XV años... hubiera sido mejor no tenerla. Desgraciadamente, escuché una conversación que no me tocaba entre mi madre y Roberto.
Mi padrastro cada vez era más distante, cada vez le teníamos más temor. ¿Conversaciones con él? No recuerdo haberlas tenido. Poco a poco, por diversas razones perdió el poco ascendente que tenía sobre nosotros. Sí recuerdo el tremendo regaño porque me sorprendió besando al amor de mi adolescencia ¡no estaba hacienda nada más que expresar mi amor! Yo era amiguera, relajienta, estaba en los Scouts (gracias a Dios llegaron a mi vida) aunque en casa recuerdo un permanente sentimiento de tristeza y soledad. Iba a misa. Procuraba, conforme crecía, estar lo menos posible en casa.
Recuerdo vagamente a mis hermanas. Aunque vivíamos juntas, no nos relacionábamos mucho. Curiosamente, en esos tiempos, el hermano pequeño y yo, le llevo siete años, éramos cercanos en muchos sentidos. Nos acompáñabamos, platicábamos, reíamos, éramos cómplices y cuando había pleitos, más de una vez nos quedábamos en silencio abrazándonos. Alguna vez debí cuidarlo pues enfermaba con frecuencia. Era un niño muy amado a pesar de lo que ocurría a nuestro alrededor.
Con mis dos hermanas, no recuerdo haber jugado, pero si peleado. Teníamos poco en común.
Cuando llegué al final de la secundaria mi madre dijo "no hay dinero, deberás estudiar Comercio" yo casí muero del susto, ¡yo no quería pasar mi vida frente a una máquina de escribir y menos tomando dictados que yo debía escribir en taquigrafía! Quien finalmente, tomó las decisiones y a su manera me apoyó, fue Roberto. Incluso, cuando finalmente me dejaron ir a la Prepa, ya no había lugar en ninguna escuela, sólo en una que se llamaba Cecyt que se encontraba en ese entonces en las afueras de la ciudad. Yo no se si fue la distancia o el miedo de mi madre a manejar en carretera que hizo que mi papá Roberto le dijera que fuera con las monjas del Irapuatense para ver si me recibían, lo hicieron y volví a "mi" colegio, a "mi" ambiente pero en la Prepa.
Son años de los que poco recuerdo en casa. Roberto y mi madre cada vez más distantes. Peleaban poco, convivían menos y casi no lo veíamos. Ya no compartían habitación pero sí un enorme silencio. Aun así, cuando llegó el momento de ir la universidad, decidió apoyarme con parte de los gastos que generaba mi estancia en Guanajuato. Yo trabajaba y estudiaba. Tengo presente que estaba al pendiente de que no me faltaran materiales, de que no me faltaran libros y, religiosamente, pagaba la renta del lugar donde vivía. En 1983, estando en Canadá, recibí de Roberto, creo que la única carta que me ha escrito en la vida. En ella me decía que reconocía mi tesón y mi capacidad. Fue bueno leerlo de él, a pesar de todo, a su manera, me quería.
Al llegar el fin de mis estudios, yo había decido no participar en la fiesta de graduación para no gastar, él dijo que eso no estaría bien y pagó los gastos que generó la celebración. Creo que él y mi madre estaban orgullosos. No recuerdo que haya estado presente en mi examen de titulación, no estoy segura de que él siguiera viviendo en casa, creo que ya no.
Al paso de los años, descubrí que a pesar de todo, su legado era el amor por el trabajo. El respeto que a mis hermanas y a mí nos tuvo. Al paso del tiempo, con la distancia, entendimos muchas cosas que quizá pudieron haber sido distintas. Le agradezco el cariño con el que trató a mis hijos llamándolos sus nietos. No le agradezco el dolor provocado a mi hermano menor. Podría instalarme en un profundo rencor por lo que no fue, pero creo que finalmente, somos lo que somos, para bien y para mal porque de alguna manera, desde sus pocos estudios, sus ganas de superarse, el mundo del cual venía que no fue amable, tocó nuestras vidas. A pesar del costo (no económico) fue de las pocas personas que tendieron su mano para que saliéramos adelante. Quizá más cariño, más entendimiento, más diálogo hubieran permitido una mejor historia.
El día de hoy no he podido quitar de mi mente a Roberto, en esta narración dejo muchas cosas fuera, sencillamente, por salud mental. Se que Roberto está enfermo, que está con su hija mayor y que él quiere volver a su añosa y polvorienta tiendita a estar con su soledad y sus recuerdos. Ruego al Señor que lo cuide y lo acompañe. Es un buen hombre a quien la vida se le fue escapando en desaciertos que imagino le niegan tener paz y tranquilidad.

domingo, 27 de marzo de 2011

Mirando hacia adelante...

Una persona inteligente se recupera enseguida de un fracaso. 
Una persona mediocre tarda mucho en recuperarse de un triunfo. 
(Anónimo)

Tienes que tener pasión para poner fin a las penas, 
y la pasión no se adquiere por la huida.
Te la encuentras cuando dejas de escapar. 
(Jiddu Krishnamurti)


Hace poco más de un año, el dolor apenas me dejaba respirar; sin embargo, sólo seis meses después, descubrí que mi corazón todavía podía sentir más dolor y pena, creí que me iba a asfixiar. Física y espiritualmente me dolía el corazón, el alma. La noche no ha terminado pero su sombra poco a poco comienza a disiparse, quizá la llegada del amanecer parezca muy larga, aun así el sol saldrá, la bruma se disipará y la luz nos permitirá ver de forma nítida el futuro que se vuelve presente.

En este tiempo he aprendido y sigo aprendiendo que por duro que pueda ser lo que ocurra, por grandes que sean el dolor y la tristeza, siempre es posible seguir caminando. ¿El secreto? No quedarse quieto, no pensar que se es víctima de las circunstancias. Yo tan poco concentrada en la religiosidad, he descubierto que esta cara de la espiritualidad nos ayuda a encontrar serenidad, incluso paz.

Descubrir, reflexionar, escuchar, observar, decidir, actuar han sido acciones constantes. He pasado días pensando y repensando. He ido rompiendo viejas telarañas y dirimiendo viejas guerras. Hoy recuerdo los antes y después, los tiempos de crisis, los ciclos que van haciendo la vida, son una constante. Las crisis, generan posiblidades, permitiendo volver la vista al horizonte para descubrir nuevas posibilidades.

El viernes, el hijo mayor inició una de las aventuras más significativas de su vida. El hijo menor, después de un andar complicado y muy doloroso, comienza a remontar el vuelo con sus alas en plena recuperación. A los dos les deseo un vuelo maravilloso en el cielo lleno de matices y colores que tienen por delante.

La hija mayor sigue su joven vida con paso firme y seguro, con sueños y esperanzas que, no tengo duda, se volverán realidades. La hija menor, poco a poco tomando una seguridad que ha tardado en llegar. De convicciones firmes pero a ratos con un andar un poco inseguro. Para las dos quiero un vuelo seguro y confiado, que sus alas se desplieguen con toda su fuerza y elegancia.

Para los cuatro, espero que las aristas de la vida les hayan enseñado a forjar su carácter, a dar la cara ante los problemas, a actuar buscando el bien. Cierta estoy de que han aprendido a reir a plenitud y a secarse el llanto con dignidad e integridad. La vida no siempre les ha sonreido, no lo hará siempre en el tiempo por venir; sin embargo, no dudo de que tienen la fortaleza, la inteligencia, la sensibilidad para saber encontrar el bien. A unos más que a otros les ha tomado más tiempo asentarse sobre la búsqueda del bien y su concreción. A los cuatro los amo, los respeto y estoy orgullosa de ellos.

Agradezco con la mirada puesta en el presente y en el futuro por el privilegio de sus vidas compartidas conmigo, agradezco la oportunidad de acompañarlos, de guiarlos, de haber podido estar con ellos a pesar de lo difícil que a veces ha sido. A cada uno le deseo que sepa andar la vida con la mirada hacia adelante. A cada uno de ellos le doy mi bendición desde lo más profundo de mi alma, de mi corazón, de mi inteligencia, de mi ser.

De mi esposo escribo poco, también lo amo, lo respeto y lo admiro. Ha sabido acompañar mis tristezas y desvelos. Mis dolores y abandonos. Ha sido capaz de ayudarme a sobrellevar situaciones adversas. Ha estado aquí en las buenas y en las malas. Me ha brindado su brazo para apoyarme, su hombro para llorar, su sonrisa sincera para compartir.

A mi madre, a mis hermanas, a mi hermano... los he perdido y no se cómo podamos volvernos a encontrar, no se cómo construir un diálogo que no ha existido. Confío en que más pronto que tarde, podamos mirarnos a la cara, podamos miras hacia adelante, perdonarnos y aprender a ser realemente familia.

Para mi padre espero que llegue la claridad de la verdad, sigo aprendiendo a estar en paz con él.

Hoy 27 marzo, 18 años después, deseo que el padre de mis hijos descanse en paz.

P.D. Me encanta Dios.

sábado, 12 de marzo de 2011

El hubiera no existe

El perdón es una decisión, no un sentimiento, porque cuando perdonamos no sentimos más la ofensa, no sentimos más rencor. Perdona, que perdonando tendrás en paz tu alma  y la tendrá el que te ofendió.
Madre Teresa De Calcuta

Hace como 44 años que te extraño, que no entiendo tu ausencia, tu falta, tu desamor. Hace 44 años que muchos porqués siguen y seguirán siendo imposibles de responder. Hace mucho tiempo me acostumbré a tu ausencia pero no, a que no estés. Muchas veces me he preguntado cómo hubiera sido la vida, mi vida si te hubieras quedado en ella. Todos estos años, no he logrado aceptar que te fuiste para no volver. Que no tuviste que morir para no ser. Hoy se que muchas cosas pueden tener explicación, menos el abandono.

Cómo me hubiera gustado cada día, haber escuchado tu risa, haber sentido tu calor, haber recibido tus regaños pero también tu amor. Cómo me hubiera gustado que me acompañaras en mis cumpleaños, en el término de cada etapa escolar, que me hubieras acompañado en mi primera comunión, en mis quince años, la historia de mi primer amor, el día que me gradué y el día en que me titulé. Me hubiera encantado que mi brazo se apoyara en el tuyo en una boda religiosa que nunca llegó. Me hubiera maravillado mirar tu rostro admirado al tomar en tus brazos a tu primera nieta y luego a tu nieto. En la soledad de la muerte hubiera sido agradable tener tu hombro para llorar y levantarme.

Hubiera sido maravilloso que me acompañaras en el camino de educar a los nietos. Haber escuchado tus aventuras compartidas con ellos. Que hubieras firmado el acta de mi segundo matrimonio y que te hicieras buen amigo de mi esposo. Me hubiera encantado que mis hijos tuvieran un abuelo que les hablara de historias fantásticas, que los llenara de amor y apapachos, que les diera consejos, que los acompañara en el andar de sus vidas, que hubieran aprendido de tí el amor por las montañas, por la música, el arte y la literatura. Me hubiera gustado que les enseñaras los secretos del dibujo, de la acuarela, del óleo; del placer de ir a escuchar un buen concierto, de la emoción de poder admirar y sentir el arte.

Cómo me hubiera gustado que me acompañaras en mis éxitos y en mis fracasos. Que tu mano fuerte me enseñara de tantas cosas que un padre puede enseñarle a su hija. Me hubiera gustado tener una "familia-familia" dentro de la cual la vida transcurriera con sus pequeñas grandes historias. Me hubiera gustado conocer la historia de mi abuelo, de mi abuela y demás antepasados. Me hubiera gustado tanto sentarme a tu lado a aprender de la vida.

No se porqué justo hoy te recordé, otra vez me hiciste falta y decidí sentarme a escribir una nota que se que nunca leerás (si, como nota de telenovela). Hoy no se si te extraño, no se si me dueles. Sólo se que me has hecho mucha falta. Como tantos otros padres le hacen falta a sus hijas e hijos. Como muchas madres -quizá menos que los padres- le hacen falta a sus hijos e hijas a través de los años, a través de la vida.

Muchas veces se acercan a mí jóvenes que han debido vivir la ausencia de un padre, de una madre y, lamentándolo, no he podido consolarlos, cuando mucho he conseguido solidarizarme con ellos; cuando mucho he podido decirles que los entiendo porque se a qué sabe el abandono, la tristeza de esta vida con una soledad impuesta. Lo más que puedo decirles es que aprendan a vivir así porque la vida sigue y que no traten de entender el abandono porque NUNCA tendrá explicación y, que eso sí, se aseguren de no actuar igual. Se aseguren de garantizar que ellos(as) no abandonen, sepan estar, acompañar, amar, aconsejar, celebrar, lamentar, disfrutar, andar la vida sabiendo estar al lado de los(as) que vendrán. Y garantizar que no tendrán que crecer con la duda de no saber porqué fueron abandonados. Pueden pasar los años, en mi caso, más o menos 44; pueden atenuarse muchas circunstancias, pero el abandono perdura y el olvido nunca llega.

Donde quiera que estés, quiero que me duelas menos, quiero conservar tu borroso recuerdo en mi corazón y estar en paz. Quisiera decirte "te perdono" pero, tristemente en una historia como esta, el hubiera no existe.
A pesar de la ausencia puedo decir que en muchos sentidos he tenido una buena vida, que hay cosas que quizá las hubiera entendido mejor y otras que las hubiera vivido distinto. Quizá mis equivocaciones hubieran sido otras, mis preocupaciones también, quizá hubiera crecido sintiendo la seguridad que da saberse amada por quienes te deben amar. Pensándolo ahora, nunca nadie, me ha preguntado cómo me he sentido en este hubiera que nunca existió.

Es posibe que más de alguno piense que es una extravagancia o una locura escribir esta historia, yo creo que a lo mejor así libero este peso de tantos años.

P.D. Me encanta Dios

domingo, 6 de marzo de 2011

El primer agapando y el árbol rojo

Agapandos, árbol rojo y colibrí
Las cosas pequeñas, si se ponen juntas, son más grandes que las grandes (Henri Barbuse)
 
Hace poco más de diez años descubrí que en los alrededores de esta ciudad los agapandos o plúmbagos puden crecer casi entre las piedras. Siempre me ha gustado mucho esta flor, nunca había tenido oportunidad de ver tantos como en estos años.
Ayer fuimos al Zembo a caminar y a comer truchas (es una delicia que haya criaderos en la región y que puedan comerse frescas). En el recorrido pude ver que comienzan a brotar las primeras flores de aganpando de esta temporada. También vi alcatraces. Observando y reflexionando, pensé en los agapandos que tenemos al pie de las ventanas que dan a la calle en nuestra casa y deduje que como no son tan lindos como los que se ven en el campo, seguro tardarían más tiempo en brotar.
Hace unos minutos, mirando que el pequeño jardín de nuestro hogar necesita mantenimiento urgente, mi mirada se topó con el primer brote de mis agapandos, ahora que vuelvo a mirar con más atención, veo que ¡hay dos! Me ha dado tanta alegría y ahora pienso cómo en el día a día perdemos de vista los pequeños grandes detalles que nos rodean, que están puestos ahí, justo para eso, para disfrutar y tener presente que por duras y difíciles que puedan ser las cosas que nos rodean y que nos suceden, siempre hay "un pequeño-gran detalle" que nos alegra el espíritu, la vida.
Desde mi sillón, además de ver que el pasto está crecido y que una franja del mismo debe ser resembrada, veo las plantas de agapando y también un árbol rojo o sangre libanesa que me alegra tanto verlo. Cuando lo compré me lo vendieron como bonsai, no medía ni 30 centímetros; (jajaja) ahora mide casi dos metros de alto. Me entristecí cuando perdió todas sus hojas y ya me iba a deshacer de él cuando mi esposo me dijo, "espera unas semanas, a lo mejor le salen brotes" y, afortunadamente, esta vez no fui necia, lo escuché y ahí se quedaron las ramitas de mi árbol rojo. Al poco tiempo descubrí que estaba lleno de brotes y semanas después, además de crecer, estaba lleno de sus pequeñas y hermosas hojitas de color "rojo-café".
En el día se posan en este árbol rojo, que vive en una enorme maceta de barro que compramos en Atlixco, Pue., diferentes tipos de insectos y aves, el mejor momento llega cuando los colibríes detienen su acelerado vuelo para descansar en sus ramas, realemente, esos instantes son un regalo maravilloso. Esta mañana, pensando en muchas cosas que debo resolver, recuperé el placer de sentir mi hogar como el remanzo que es, con esos pequeños instantes que nos van alegrando la vida.
A mis pies duerme la Mora en la confianza y seguridad de que aquí, en este hogar está su lugar. De que -lo creo- fue ella la que nos eligió y no nosotros a ella. Desde mi sillón, esta mañana, doy gracias por tener una familia, por conservar la capacidad de asombro ante las cosas que pudieran parecer más insignificantes. Doy gracias por las bugambilias (tenemos dos llenas de flores rojas y rosa mexicano) que cohabitan con los agapandos y el árbol rojo (me gusta mucho este nombre "árbol rojo").
Hace ya muchos años tuve una alumna que viviendo en China, pudo comprar un par bugambilias y un cactus, a sus tres plantas les puso nombres, creo que el pequeño cactus se llamaba Pepe y que la bugambilia vieja, según la historia de mi querida Paloma, estaba celosa de la joven hasta que finalmente ambas aprendieron a convivir, el ganón era el cactus pues vivia en el interior.
Me gustaría ponerle nombre a mis plantas y poder escribir los posibles diálogos entre ellas, cierta estoy de que ya son amigas. Quizá me anime a por lo menos, darles un nombre, no importa que piensen que las antropomorfisé si al final son parte de mi vida, de la vida de mi familia y nos alegran con sus colores y con pajaritos que las visitan.
Por otro lado, mientras escribo, recuerdo la historia de cómo es que los agapandos llegaron y cómo es que también llegaron las bugambilias. Mi esposo aunque es serio en muchas cosas, puede ser también muy ocurrente además de tener un humor muy particular. Un día que no podía salir y me urgía comprar algunas cosas para la comida, le pedí que ayudara y trajera a casa las cosas que había puesto en una lista. Al final anoté que quería una planta y que también comprara flores para poner en la mesa del comedor. A su regreso, puso en la cocina mis encargos y al final, entró con una bugambilia que puso en el centro de la sala, diciéndome, "aquí están tu planta y tus flores". Hoy, es una enorme bugambilia de flores rojas, la separa del árbol rojo la bugambilia rosa.
Parte de los agapandos fueron comprados en un invernadero poblano, los trajimos con poca esperanza de éxito pues su hábitat original era mucho más benigno que el del lugar donde vivimos donde el aire y el frío pegan fuerte. Los sembramos y al poco tiempo, aun sin dar flores, se habían multiplicado y antes de que pasara mucho tiempo nos habían dado las primeras flores. Ahora cubren la franja de las ventanas. Las plantas se han multiplicado y pues ¡ya llega el regalo de sus brotes que son como ramos de flores blancos y morados! El árbol rojo esta lleno de hojas otra vez después de haber perdido las anteriores este invierno que ya casi termina.

P.D. Me encanta Dios (Sabines). Pase lo que pase, siempre habrá un momento para ver los dones y regalos que el Señor nos da.

P.D. 2 Mientras escribo como unas deliciosas fresas irapuatenses... otro regalo del creador... en la red dice que estas flores se llaman "agapantos" más que agapandos... yo, originalmente, a través de mi madre, aprendí que se llamaban "plúmbagos" por las que son de color "azul-morado".

P.D. 3 El agapando recibe su nombre, Agapanthus del griego agape (en sus orígenes quiere decir amor incondicional y reflexivo, hoy se entiende como celebración) y anthos (flor). Creo que es un dato interesante.